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jueves, 28 de agosto de 2008

Acertijo: ¿Cuál es la pregunta más grande de tu vida?



Un error que las personas suelen cometer es proyectar en otros su propia forma de ver y vivir el mundo. Pensar que otras personas deberían valorar, del mismo modo que lo hago yo, aquellas cosas que me importan y que significan algo para mí. Pero nadie es una réplica de otro, o cuando menos no tendría por qué serlo. El otro no ha tenido las mismas experiencias que me han marcado a mí, y seguramente él también ha disfrutado de momentos para los que alguna vez ocupó palabras como inolvidable, hermoso o feliz. Tendrá sus cicatrices, sin duda, pero no en los mismos rincones ni por las mismas heridas que yo. Ha reído y llorado a su manera, y en algún lugar de su casa tiene fotos y cartas que se emociona al ver. Probablemente, su familia no haya tenido las mismas costumbres ni las mismas manías que haya tenido la mía, y los lugares, las personas, las ideas que ha conocido pueden ser tan distantes de las mías, que hasta quizá algún día le haya considerado un extraño, un competidor o un enemigo. [Las ideas y las costumbres suelen separar a las personas, aunque también podrían unirles...]

Así, como es natural obviedad decirlo, somos distintos, pero ello porque somos el resultado de nuestras propias experiencias, y siendo yo tan persona como lo es mi vecino, no puedo pretender que el mundo esté hecho a la medida de mis ideas, o que la realidad se reduzca a lo que he visto y escuchado alguna vez.

Somos distintos - y sin embargo somos más parecidos de lo que crees. Pues aún siguiendo cada uno las huellas que le ofrece su propio camino, corremos toda nuestra vida detrás de lo mismo, aunque cada uno a su manera...

O es esto o estoy equivocado. En cualquiera de los casos, nada me autoriza a imponer mi verdad.


La respuesta sólo la puedes encontrar tú.

La respuesta tiene la forma de la pregunta.